El tambor

Apenas habíamos asimilado la noticia, estábamos entre felices y muertos de miedo.

Volvimos a Capilla del Monte, teníamos que atender el hotel hasta agosto, así que allí mismo me fui a hacer los análisis al CEM y pedí un turno en los privados del pueblo para la primera ecografía. Los resultados iban a estar en una semana, mientras tanto la ansiedad y los planes crecían. Ya había empezado a tomar el ácido fólico religiosamente todas las mañanas, pero todavía no caíamos del todo. Si bien hacía vida normal, Demián me ayudaba con las tareas más pesadas y yo disfrutaba amasando las facturas y preparando cosas ricas para los desayunos diarios. Eso alegraba a la clientela que se iba feliz con la panza llena.
Pasaron los días, cinco para ser exacta, y el 7 de julio (del año 2011) Soledad, la bioquímica me llama al hotel para que pasara a retirar los resultados por la farmacia de la esquina. De más está decir que salimos como tiro con los abrigos en mano. (En esa época del año la temperatura en las Sierras no supera el grado bajo cero) Bueno, les decía que fuimos en busca de los análisis y cuando llegamos a la farmacia, Soledad me hace un guiño de ojo, me entrega el sobre y nos dice: “Felicitaciones, está todo bien!”. No puedo explicar la emoción que me embargó. Ya en la calle, abrí el sobre y leí, los valores superaban los 7600 U/L, reconfirmaban la noticia: estaba EMBARAZADÍSIMA!!! 
Sólo faltaba hacerme la ecografía, me habían dado turno para día siguiente a las 18 hs. Como no podíamos dejar solo el hotel, lo llamamos a Martín, un amigo de Rosario que se había mudado a Capilla hacía dos meses. Estábamos ansiosos por conocer a nuestr@ semillita. Todo era muy loco, digo, es muy loco asimilar la noticia de que estás creando vida y esa vida empieza a crecer adentro tuyo.
Llegamos a los consulturios de la calle Belgrano 292. Nos atendió el dr. Pucineri, oriundo de La Plata pero residente en Capilla desde hacía 10 años. Fue muy amable con nosotros, se dio cuenta de que éramos primerizos y nos fue explicando cada cosa que aparecía en la eco. Primero buscó el saco gestacional y luego al embrión que ya medía 7.4 mm y cumplía 6 semanas y 2 días en el vientre. Pero fue cuando escuchamos los latidos de su corazón… Sí, estoy segura que fue en ese momento cuando nos miramos con Demián y tomados de la mano los dos lo supimos. Hasta ahí todo era confuso. Pero bastó con escuchar ese potente e incesante tamborcito sonando con fuerza, que latía y latía a 114 pulsaciones por minuto, como diciéndonos: “Hola mamá y papá, acá estoy, creciendo… No tengan miedo”.
Volvimos a hotel con una felicidad inmensa y la certeza que íbamos a SER PADRES. 

 La primera ecografía

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