Mi fracaso con la lactancia… Parte #1

Aclaración: Este post es largo y toca un tema muy sensible para mí. Mientras lo escribo no puedo evitar llorar, entristecerme y revivir aquel momento hace 14 meses atrás. Pero también siento que puede servir de ejemplo para que esto no le pase nunca más a ninguna mujer.

Lisa Torske

Ni bien nació nos separaron. Como había sido por cesárea no me la pusieron en el pecho. Me dijeron que tenía bajo peso y que tenía que quedar dos horas en observaciones de la Neo. Me asusté mucho, no quería que le pasara nada a mi hija y a la vez no me podía mover por la anestesia. Si hubiera estado informada sobre parto respetado. Si hubiera sabido lo que iba a pasar después. Si hubiera sabido que esta separación iba a ser decisiva a la hora de que Muriel se prendiera al pecho. Si sólo hubiera exigido que no nos separen, la historia habría sido otra. Pero no, no supe reaccionar, creía en los médicos y era mi primera hija. 

Habían pasado las dos horas (ella nació 18:52 hs), eran las 21, y todavía no tenía novedades de mi beba. Le pedí por favor a Demián que fuera a Neo a ver si Muriel estaba bien. Lo dejaron verla y le dijeron que había tenido hipoglucemia e hipotermia (¿acaso esas dos cosas no se curan con pecho y calor materno?) y que tenían que darle un complemento, que en una hora más la iban a subir.

Acá hago un paréntesis. Durante el embarazo soñaba con el momento en que me pusieran a Muriel en el pecho. Soñaba con la posibilidad de darle la teta y que ella a través de mí se alimentara y creciera fuerte. Soñaba con el momento único, mágico y de conexión madre- hija que sólo da la lactancia materna. Soñaba y estaba ansiosa porque llegara. Nunca imaginé lo que en cambio nos iba a suceder.

Pasó el tiempo (5 horas en total), faltaban minutos para la medianoche cuando se abrió la puerta de la habitación y la nurse traía a Muriel. La emoción me embargaba, me caían las lágrimas de amor. Quería abrazarla y besarla, decirle “hola, soy mamá, te estuve esperando ansiosa”. Pero no. La nurse no me dejó, de mala manera me dijo que tenía que darle la teta (como si yo me hubiese negado a hacerlo). Me puso a la beba debajo del brazo (yo estaba anestesiada y apenas los podía mover) y me dijo con voz socarrona: “Mamá, tenés que darle la teta, la nena se tiene que prender, los besos para después”. En ese momento me sentí vulnerada, sentí que no tenía derecho a conocernos y entablar un vínculo naturalmente. Todo estaba pautado (cada dos horas “tenés que despertarla para comer”) y parecía que las enfermeras tenían más derechos que yo sobre mi hija.
Muriel abría la boca y lloraba, pero no quería saber nada con mi teta, seguramente tenía hambre pero ni bien le ponía el pecho en la boca lloraba. Yo tenía los pezones planos, pobre hija tenía que trabajar más, pero a la vez la nurse la obligaba a mamar y ella se deseperaba y yo me sentía una inútil por no lograr prenderla. La nurse otra vez: “mamá, tenés que darle el pecho como sea. Voy a volver en 2 horas y mejor que la beba se prenda”. Era así, y yo no reaccionaba. Cada 2 horas la ponía a Muri a la teta con la ayuda de Demián y ella no se prendía o lo hacía mal. Abría la boca desesperada y después de unos 20 minutos de intentarlo rompía en llanto y después costaba calmarla. De hecho, sólo se calmaba con su papá ya que yo no dejaba de llorar. Las nurse venían cada dos o tres horas y nos obligaban. Intentamos con pezoneras (nada más antinatural porque el bebé no se prende al pezón sino a la pezonera), pero nada, se prendía un rato, a penas salía el calostro y a los 10 o 15 minutos empezaba a llorar otra vez. Yo tenía las mamas como melones, hinchadas y doloridas. Estaban llenas de leche, pero solidificada y costaba que saliera. En los momentos en que Muriel dormía, me hacía paños calientes y me las apretaba para sacar leche. A duras penas sacaba 10 ml por vez. Se lo daba en mamadera y ella la tomaba feliz. Me sentía frustrada. Cada vez se me ponían peor las mamas, venía la nurse y me las apretaba. Salía la nurse y entraba la enfermera y me las apretaba. Salía la enfermera y entraban las puericultoras y me las apretaban. Los cuatro días de estadía en el sanatorio fueron así. No dormía nada, lloraba todo el día y estaba angustiada y me sentía fatal. Probé ir a sacarme leche a la neo, pero además de lastimarme con ese sacaleche, me descompensaba al ver que después de tanto esfuerzo no salía nada de leche. La última vez, casi me desmayo porque después de casi una hora, no había sacado nada. Me hacían bajar en camisón por el asensor de las visitas llenos de gente y a veces tenía que esperar el asensor media hora así vestida (?) en el hall. Me sentí muy maltrada.

En este punto quiero aclarar que si no hubiera sido por la ayuda incondicional de Demián no sé cómo habría hecho. Estuvo conmigo en todo momento y me ayudaba con todo. La primera noche, él le cambió el primer pañal a Muriel porque con la sonda no me podía sentar en la cama. Calmaba a Muri cada vez que venían las enfermeras y la obligaban a mamar. El estrés y la presión lo vivimos los tres y deseábamos estar solos en casa. A la mañana se iba dormir un rato a casa para estar fresco durante la noche y lo reemplazaban mi mamá o mi hermana y también venía mi suegra. No veía la hora que llegaran porque era el único momento en el que tenía privacidad con mi hija y no venían las nurses. De noche, empezaba la odisea.
Mi mamá y mi suegra que habían pasado por la experiencia de no poder amamantar al primer bebé, una por pezones planos y otra por falta de leche, trataban de hacerme sentir mejor y me decían que Muriel me iba a querer e iba a crecer sana igual aunque no pudiera darle la teta. Pero yo no podía dejar de culparme. Me sentía fatal,y cuanto más nerviosa me ponía más difícil era que Muriel se prendiera. Era un círculo vicioso. Sentía que desde el nacimiento no habíamos podido disfrutar la una de la otra y ya no quería saber nada con las extrañas que venían a invadirnos y a controlarnos cada tres horas (las nurses, enfermas y puericultoras).

La última noche, vencida, lo hablé con Demián (él apoyaría lo que yo decidiera) y juntos decidimos informarnos con una obstetra para dejar de intentar la lactancia. Pero la respuesta de la médica fue no escucharnos, encerrarme en el baño y con un pañal empezar a apretarme las mamas como si fueran platillos. No se imaginan el dolor, la frustración, la angustia que sentí. Le pedía por favor que me dejara tranquila y ella me gritaba diciéndome que no era una buena madre, que me la tenía que “bancar”, que ella era la médica y tenía que hacerle caso, y otras cosas más que no voy a reproducir acá. Demián estaba con Muriel en brazos  en la habitación y no escuchaba ni se imaginaba lo que pasaba en el baño. De pronto, llegó la nurse y también se metió en el baño, entre ella y la médica me apretaban las mamás como si fueran exprimidoras. Fue una situación horrible y hasta llegué a desear la muerte antes que ese ultraje. Lo único que me salía era pedir por favor y a cambio recibí maltrato. Después de un rato la médica se fue y me dejó sola con la nurse que mientras me acompañaba a la cama me dijo: “Cambiá esa cara y dejá de llorar que la bebé tiene que tomar la teta”. Yo le contesté llorando: “no puedo, no puedo sentirme bien y hacer como si nada, no voy a poder, no me sale” (realmente me sentía muy vulnerable, había pasado más de 72 horas sin dormir, no tenía fuerzas para nada).
Fuimos hacia la cama y me cuando me puso a Muriel en los brazos, rompí en llanto y sentí que una parte de mí había muerto en ese baño. (continuará… Parte #2)


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5 thoughts on “Mi fracaso con la lactancia… Parte #1

  1. Buf Pao, que terrible historia…me dan ganas de llorar, pero qué salvajes fueron, no tengo palabras…era imposible que pudieras dar de mamar así. No creo que fuera un fracaso tuyo amiga, fue de las nurses esas que te trataron horrible. Qué coraje. Un besazo gordo, y deja de sentirte culpable, okeys?

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  2. Dios mio Pao cariño como te han podido tratar asi, de verdad que hay gente que no merecen ni vivir y menos ejercer ese tipo de profesiones, no pienses jamas que eres mala madre por esas cosas yo tan solo pude darle teta a los mios durante 3 meses y tambien me sentí como vos como si fuera peor madre que las demas …. me hubiera encantado darles de mamar hasta que quisieran … pero las cosas vinieron asi y no nos podemos culpar por ello ahora son niños sanos igual que Muri y eso es lo que importa asi que arriba ese animo. MIL BESOS

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  3. Gracias amiga, es como decís! Fue muy feo pero por suerte el tiempo pasó y Muriel creció sana y llena de amor!!! No se entiende que haya gente que maltrate por gusto a los más débiles…

    Mil besos preciosa…

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  4. No había leído este post Pao!! realmente viviste una tortura… así cualquiera siente que dar pecho es lo peor que sucede después del nacimiento. Que brutales fueron esas mujeres, pero donde quedó su calidad humana y su preparación como facilitadoras del nacimiento. Me indigna y las lágrimas también se apoderan de mi. Si supieras que cuando hice mi curso en promotor y consejería, lo hacíamos madres y padres convencidos de este acto de amor y alimentación, nutricionistas y residentes de pediatría, pero mi decepción hacia la medicina fue tal cuando vi a esos muchachos (mujeres y hombres) que acudían obligados a ver el curso, que no les interesaba y se la pasaban jugando con el móvil o firmaban y se desaparecían. Allí fue cuando me dije en qué manos estamos cayendo, sólo unos pocos profesionales de la medicina de verdad tienen la convicción de cambiar este mundo que comienza en el vientre materno. Me alegré tanto cuando uno de los doctores organizadores del curso, les cantó el abecedario completo, me sentí tan aliviada de saber que alguien iba a poner reparo y que la mayoría estaba raspado y que tenían que volver a ver el curso que además en mi país es gratuito. No sé cómo siguen sucediendo estas cosas!!! Bueno, además de una cesárea innecesárea, viviste una lactancia frustrada… sé que la próxima vez lo lograrás y que tu historia es ejemplo para muchas madres que apenas comienzan este camino. Besos

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