Mi fracaso con la lactancia… Parte #2

Aclaración: Este post es largo y toca un tema muy sensible para mí. Mientras lo escribo no puedo evitar llorar, entristecerme y revivir aquel momento hace 14 meses atrás. Pero también siento que puede servir de ejemplo para que esto no le pase nunca más a ninguna mujer.

Lisa Torske

Después de esa noche eterna y cruel (ver Parte #1) llegó el día del alta. Muriel había estado llorando desde las 1 am hasta que amaneció. Nada la calmaba, y eso pasaba después de que la nurse la obligaba a mamar con una tetina de mamadera. Pobrecita, se llenaba de gases pero era con lo único que parecía prenderse.
Como les decía, llegó el día de la “liberación” después de 4 días presa en el Sanatorio a la buena de las enfermeras y médicas de turno. Volvimos a casa los tres. Se sentía raro. Una semana antes éramos nosotros dos y Muriel en la panza, pero ahora éramos tres afuera y teníamos que ayudarla en su nuevo mundo. Yo sólo tenía que adaptarme a ella, pero ella tenía que adaptarse a todo y a todos. Es un choque muy brusco venir al mundo y ni hablar si te pasa lo que le pasó a ella en el Sanatorio. 
Pero ya estábamos en casa, por fin. Empezando nuestra nueva vida, los tres solitos. Atrás quedaban los controles, las intromisiones y los maltratos de aquel piso de Maternidad (al menos eso creía yo). Era hora de barajar y dar de nuevo con la lactancia. Muriel tenía que alimentarse y yo deseaba que fuera de mi teta.
Así empezábamos el ritual y Demián se encargaba de ayudarme en todo porque yo estaba bastante dolorida por la operación (realmente no entiendo cómo las mujeres deciden hacerse cesáreas sin necesidad, no sólo por los riesgos que implica sino por el postoperatorio). Primero me envolvía en la vaca almohadón de amamantar para poder apoyar a Muriel, me sacaba un poco de leche y me ponía una tetina de latex en el pezón para que la gorda se prendiera. Cuando parecía prenderse empezaba a succionar y le llegaba leche pero la mitad era aire. No se imaginan mi alegría cada vez que sentía el pinchazo cuando se prendía. Así estábamos hasta que se dormía, pero como seguíamos las instrucciones de la neonatóloga, la poníamos 20 minutos de cada lado y a veces se quedaba dormida antes, entonces la despertaba tocándole la pera para que siguiera tomando. El tema es que a la media hora rompía en llanto por los gases y nada la calmaba. Así era cada vez que intentábamos ponerla a la teta. Como había nacido con bajo peso también tomaba un complemento de leche de fórmula. Lo que a mí me preocupaba es que cuando tomaba la leche de fórmula dormía bien y no tenía gases pero cuando la prendía a mi teta era un llanto desconsolado.
Paralelamente, las mamas se me habían inflamado y endurecido y por más baños calientes, paños tibios y sacaleches no se aflojaban. Intentaba sacarme manualmente cada vez que Muriel dormía y no podía evitar la angustia y el llanto que me invadían. Rememoraba cada segundo y sufría por no haber podido hacer nada para defendernos. Me culpaba por cada cosa que nos pasó en el Sanatorio. La miraba a ella dormir y en vez de sentir felicidad me sentía muy triste. No puedo explicarles esa sensación hoy porque por suerte ya no la siento pero no me olvido de nada de aquellos días de marzo de 2012.
Para colmo, mi angustia alejaba a Muriel de mí. Ella prefería estar con su papá la mayor parte del tiempo y la entiendo, yo era una bola de nervios y tristeza, no podía transmitirle la seguridad que ella necesitaba para afrontar su nueva vida afuera. Todo me frustraba. Nada era como había soñado. Deseaba que se tratara de una pesadilla de la que pronto iba a despertar, pero no. Era mi realidad, “aquí y ahora”, mi hija no quería mi teta, no quería mis brazos, no quería dormir conmigo. Mis tetas estaban por explotar y no sabía cómo sacar tanta leche, podía estar una hora para sacar 20 ml. Parecía no reaccionar. Los fantasmas me habían seguido hasta casa y no me dejaban seguir con mi vida. Sentía que mi vida se había congelado en aquel lugar al que no podía ni nombrar y al que deseaba no volver nunca más.
Así estuvimos las primeras semanas. Intentando lo que no salía. Un día Muriel no quiso prenderse más y mis mamás estaban cada vez más duras, hinchadas y más doloridas que nunca. Había empezado a tener fiebres alta. Estaba a las puertas de una mastitis. Muriel no quería y ya no sacaba casi leche. Me sentí morir por dentro. No podía levantarme, nada me animaba.
Demián ya preocupado se sentó a mi lado y me dijo si quería dejar de intentar porque no me veía bien y Muriel necesitaba alimentarse de una u otra manera. Tenía que poner en la balanza si seguía con esta situación o empezaba a disfrutar a mi hija y dejaba que ella empezara a disfrutar de su mamá. El nivel de estrés y angustia era tal que me estaba perdiendo a mi pequeña princesa. Tan deseada, tan esperada. Tenía que hacer un corte para poder seguir adelante. La teta me traía esos fantasmas que quería olvidar y a la vez trasladaba todos mis miedos a Muriel. La fiebre no me bajaba y decidimos llamar a mi ginecólogo particular para contarle la situación. Él me dijo que necesitaba bajar la fiebre, le pregunté cómo hacía para parar la leche porque cada vez me sentía peor. Me preguntó si estaba segura, y le dije que estaba muy mal, me dio un medicamento en dos tomas que cortaría la producción de leche paulatinamente. Lo compramos y me sentí la peor madre. Una mujer frustrada por no poder lograr algo tan genuino y natural como la lactancia materna. Me culpaba una y otra vez por no haber gritado o pataleado en su momento. Tenía miedo de que Muriel no me quisiera. Era una verdadera piltrafa humana. Ya no sonreía, sólo lloraba y no podía ser tan egoísta. Tenía una hija que me necesitaba sana y fuerte para cuidarla y amarla. Tomé la decisión y corté la leche.
Se lo conté a la pediatra de Muriel y le pedí ayuda. Me dijo que no me sintiera mal, que cuando estuviera más tranquila iba a poder relactar si Muriel lo deseaba y si yo estaba dispuesta. Me tranquilizó esa noticia.
A las semanas volví a intentarlo pero Muriel ya se había acostumbrado a la mamadera y ni siquiera buscaba mi pezón. La apoyaba jugando en mi pecho y esperaba su reacción. No tuve esa suerte. Hoy después de 14 meses siento y estoy segura que de haber estado informada, preparada, contenida desde lo médico podría estar amamantando a mi hija. Cuando nació Muriel poco sabía del tema, no tenía idea lo que era relactar, el pezón plano y el trabajo previo para formarlo, la bajada de leche y la cesárea. Sabía lo que me contaban mi mamá, abuela, amigas. Pero no sabía sobre parto respetado, no sabía que la separación es crucial. Hoy por suerte, leo y apoyo todo lo que tenga que ver con lactancia a demanda. Pero no sólo eso, entendí que frágiles somos las mujeres en el puerperio. Mi depresión no ayudó a poder establecer la lactancia. No quisiera que esto que me pasó le pase a ninguna mujer más. Sean fuertes, defiendan sus ideales. No se dejen doblegar!!!
Esta es mi historia, podría haber salido bien. Tal vez fue la suma de decisiones equivocadas las que me trajeron a este HOY. Pero soy humana y no soy perfecta. Trato de ser la mejor mamá para Muriel, no siempre lo logro. Madre no se nace, madre se aprende (SIENDO).

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9 thoughts on “Mi fracaso con la lactancia… Parte #2

  1. preciosa…! pase al viernes de nota y me encuentro con esto..!
    q historia…! aunq tngo q leerte con mas calma despues… la #1 parte tambien…
    yo tbn tuve este fracaso… encuentras mi historia (un poco resumida) en mi blog, en un post que se llama YO APOYO LA LACTANCIA MATERNA

    q razon tienes… madre no se nace…

    besos (me voy al viernes de nota)

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  2. Pao yo creo que sos una excelente mamá!!!! A pesar de no dar la teta. A mi me pasó algo similar, en cualquier momento compartiré mi historia de lactancia frustrada que me sigue haciendo sentir tan mal y triste. Por eso te entiendo. Pero de estás experiencias aprendemos que es lo que no queremos volver a pasar mas!!!

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  3. Supongo por lo que dejás entrever que en el sanatorio no te apoyaron para que dieras de mamar, quizás todo lo contrario, decidieron por vos darle a tu bebé la mamadera. Es increíble que pasen esas cosas, pero como vos decís, el momento que atravesamos las mamás después de una cesárea no es fácil, y los extraños que nos rodean haciendo su “trabajo”, pierden la paciencia, no están correctamente preparados, toman deciosiones creyendo ser dueños de la verdad, y si hay algo que está claro, es que cada uno es dueño de “su” verdad, y que los demás deberían respetar eso. Y empecemos por los obstetras que no informan cómo prepararse, o que ni siquiera se tomaran el tiempo de dar información sobre a qué especialistas podés recurrir para informarte sobre lactancia, ANTES de que nazca el bebé…
    Es una situación triste la que te tocó vivir, pero también hay que tener presente que para nuestros bebés su mamá es mucho más que un par de tetas, su mamá es única y para siempre su mamá.
    ¡Cariños!

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  4. Gracias Mari! Vos también lo sos! Ojalá nos sirva como ejemplo de lo que ya no vamos a tolerar y que nos de fuerza para no dejarnos maltratar. Ser madre es algo hermoso, y tenemos derechos a partos y postpartos respetados. Un beso grande. Gracias por estar del otro lado.

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  5. Hola Lauri, en realidad es así porque por más que vinieran las nurse y la obligaran a Muriel a mamar cuando ya le habían dado mamadera; yo creo que no me apoyaron. Tenía todas en contra empezando por los pezones planos. Y como decís vos, los obstetras no te preparan para la lactancia ni te recomiendan especialistas que te guíen antes del parto. Si me hubieran revisado las mamas en los controles tal vez habría llegado al nacimiento con los pezones formados. Eso por un lado, por el otro creo que el habernos separado 5 horas cuando nació, también nos jugó en contra y ni hablar del mal trato de las nurse y médicas. La cesárea jugó otro poco, porque no es lo mismo que parir, estás muy débil y corrés riesgos de infección, casi no te podés mover de los dolores. Deberían ser más comprensivas con las mamás, es una operación. Gracias por tus palabras. Cariños y besos!

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  6. Acabo de descubrir tu blog… y menudo descubirmiento!!! Gracias por comentar mi aventura mañanera de ayer, porque a través de ese comentario me has abierto “tu ventana” a este blog.
    Después de leerte, sigo con la misma idea. Las mujeres somos enemigas de nosotras mismas. Somos expertas en culpabilizarnos sin límite, más allá de lo razonable. Te cuento que yo también fracasé con mi primera hija, medio fracasé con el segundo, y por fin, con el tercero, estoy disfrutando de la lactancia. Lo cuento en mi blog en tres entradas diferentes, por si te pudiera servir para el futuro, para la esperanza, y para exocizar todos los malditos denomios que nosotras mismas invitamos a nuestra morada
    Un abrazo fuerte, fuerte

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  7. Mil gracias por tu comentario! Cada día estoy más segura que somos nosotras nuestras peores enemigas. Muchas veces por ignorancia o otras muchas por miedos infundados. Creo que pocas veces somos realmente concientes de nuestro género como fuente de vida, alimentación y amor sin límites. Ojalá como a vos, estas desventuras me sirvan de experiencia en próxim@s hij@s.
    Ahora voy a leer tus entradas sobre el tema. Hace poquito abrí mi blog, y con el tuyo me pasa lo mismo que con desmadreando, me encanta la forma que tienen de contar sus experiencias.
    Me alegra que hayas pasado por acá. Tenemos casi la misma edad y vos tenés miles de exeriencias más para compartir con tres bebotes!!!

    Abrazo gigante. Gracias de nuevo! 😉

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  8. Vaya, vaya… luego de leer la primera parte me consigo con esto!! Pao que apoyo necesitabas en esos momentos, cuánto lo siento… por experiencia propia sé que los inicios (sobre todo cuando nos arrebatan a nuestros pequeños de los brazos en un primer momento y se los llevan por horas es devastador para el proceso de amamantamiento, y si añadimos el biberón que les ofrecen que te puedo decir). El primer día en casa también fue un poco angustiante, la leche no fluye como cuando bebé se prende del pecho a primer momento, ya el pequeño tenía gases por los biberones que le habían dado en la clínica y no tuvimos otra opción que darle fórmula para que se alimentara y luego procedimos a quitarle el cólico. Luego de ese primer día y noche todo fue distinto, adiós teteros, adiós fórmulas y bienvenida la teta… las ganas, la seguridad que tenía, la preparación y la bendición de unos pezones a todo dar pudieron vencer la batalla. Luego daré algunas técnicas para sacar el pezón plano, pero igualmente puedes intentar relactar a Muriel, nada es imposible en este mundo!! Besos

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