ESMA

Cuando en 1924, el predio ubicado entre la avenida del Libertador, Comodoro Rivadavia, Leopoldo Lugones y Santiago Calzadilla fue cedido por el Concejo Deliberante de la Municipalidad de Buenos Aires al Ministerio de Marina, a través del decreto de ese mismo año, para ser utilizado como centro de instrucción militar, nadie podía imaginar que ese lugar, cincuenta y dos años más tarde sería uno de los peores campos de concentración que existió en el país. Ochenta años después el mismo lugar volvió a manos del gobierno para convertirse en el Museo de la Memoria.

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